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lunes, 31 de diciembre de 2012

El rey viejo – Fernando Benítez


Muchas veces me había encontrado con esta novela en librerías sin que me decidiera a leerla. Desconfío casi por antonomasia de cualquier libro que veo en todas partes. Por fin hace poco decidí llevarme a casa El rey viejo y me puse inmediatamente a leer. Me sorprendí mucho porque es sin duda una obra maestra, una de las mejores novelas mexicanas de cuantas se escribieron en el siglo pasado.
Aunque es una novela revolucionaria no fue escrita en los años posteriores al conflicto; su autor, Fernando Benítez, la publicó en 1959, cuando la revolución era ya más un mito desfigurado que un doloroso presente.
La novela relata los últimos días de vida del presidente Venustiano Carranza. Inicia poco antes de que él decide trasladarse a Veracruz al darse cuenta de que la mayor parte de ejército lo ha traicionado y se ha pasado al bando de los sonorenses.
El narrador es un personaje educado y culto que goza de la amistad de Carranza y que ocupa un puesto dentro de su gabinete. Desde su perspectiva el lector aprecia la difícil situación que vivía el gobierno carrancista, la fortaleza del presidente y de algunos militares que permanecieron fieles a él, como el general Francisco Murguía, hombre bravo entre los bravos y de una sola lealtad.
Parte de la novela transcurre en los trenes que llevaban al gobierno constitucional rumbo a Veracruz, trenes perseguidos por la traición que de ninguna manera podían llegar a su destino. Después el narrador nos lleva a la sierra de Puebla, en un difícil trayecto camino a Tlaxcalantongo, hacia el previsible final que los sonorenses habían planeado para Carranza y del que no podía escapar.
El mayor mérito dentro de la novela radica en la perfecta forma en cómo el autor retrató la lucha de la voluntad de Carranza contra el caudillismo. Aquella traición de los sonorenses no se debió a diferencias ideológicas sino de intereses. Los militares sólo podían estar contentos en la guerra o en el poder. Una vez terminada la guerra, con Villa como único enemigo escondido en la sierra de Chihuahua, era imposible que un descomunal ejército ocioso decidiera sencillamente desaparecer y dar paso al México civil. Tanto heroísmo por parte de los militares era sólo un sueño de Carranza, ellos querían su recompensa por haber luchado en la revolución y no aceptarían que se les arrebatara la presidencia.
Carranza, como Cicerón, quería a los militares fuera del poder porque no ignoraba lo peligrosos que podían ser, y como a Cicerón también lo mandaron matar, porque cuando los militares han decidido adueñarse del poder es imposible detenerlos si no hay otros militares que se les opongan. 

Le otra reseña: Maximiliano íntimo

jueves, 25 de octubre de 2012

El Estado megalómano – Jean-François Revel


Tal vez muchos vean El Estado megalómano como un libro acotado por fronteras físicas y culturales, debido a que se trata de una crítica al Partido Socialista Francés y al principio de la gestión de François Mitterrand como presidente de los galos. Pero quien piense eso está incurriendo en un error, El Estado megalómano es una de las mejores críticas de cuantas se escribieron el siglo pasado al casi siempre manifiesto deseo del Estado, de cualquier país, por acapararlo todo.
Nada más hace falta leer las primeras páginas del libro para comprender que Revel fue uno de los intelectuales más brillantes de su tiempo y quizás el mejor y más sincero defensor de la libertar. Sus explicaciones son sencillas, sus analogías muy apropiadas y sus paralelismos más que aceptables. Otro aspecto que enriquece el libro es el humor negro del autor, que aunque instruye al lector sobre un tema verdaderamente importante -e ignorado en 1982, al publicarse El Estado megalómano, cuando aún existía la URSS-, no deja de tomárselo todo a broma, tal vez porque sabía que el fruto de sus reflexiones sería ignorado por Francia y por el mundo.
Después de pasar los primeros capítulos del libro, que también son los más agradables en cuanto a calidad literaria se refiere, viene lo más duro -y sin duda lo que más le dolió Mitterrand y a su cuadrilla de marxistas disfrazados de socialistas tolerantes-, el desenmascaramiento de las políticas ocultas y totalitarias que se escondían detrás de las buenas intenciones que exhibían quienes se apropiaron del gobierno francés en 1981.
Mitterrand y los suyos iniciaron su gestión con una discreta labor de transformación de Francia y de los franceses de la manera más radical. Había que cambiar la imagen que se tenía del gobierno anterior, pasarlo de bueno a pésimo, había que cambiar la economía, pasarla de privada a pública, había que cambiar a los medios de comunicación, pasarlos de libres a encubridores de los errores del Estado, y había que cambiar a los franceses, pasarlos de ciudadanos libres a piezas de una maquina estatal y colectiva al más puro estilo soviético y cubano.
El Estado megalómano no es sólo una crítica al gobierno de Mitterrand en Francia, es una verdadera bofetada a los partidos izquierdistas de todo el mundo, es una patada donde más duele a la hipocresía de quienes teniendo a los pobres en la boca todo el tiempo quieren no sólo dinero sino poder ilimitado para hacer lo que les dicte su faraónica conciencia. Ojala los izquierdistas que en la actualidad tienen cargos públicos leyeran este libro; quizás le aprendan algo y sin duda verán en él su flaqueza intelectual y, desde luego, moral.

sábado, 13 de octubre de 2012

El triste porvenir de los países latinoamericanos – Francisco Bulnes


El libro del que hoy hablo, es mi favorito de cuantos ensayos he leído sobre los problemas sociales y culturales del mexicano y en general del latinoamericano. No es desde luego una novedad, fue publicado en 1899, pero sí es una obra maestra, producto de la mente de un genio odiado y olvidado: Francisco Bulnes.
Bulnes fue un celebre escritor durante el Porfiriato, partidario de Díaz, crítico de Juárez y defensor de Hidalgo. Sus contempéranos criticaron la dureza de su obra, pero sus sucesores, los revolucionarios, sencillamente no se la pudieron perdonar. Bulnes fue encasillado dentro de todo lo malo que produjo el Porfiriato y su obra literaria, aunque es brillante, fue subestimada, ignorada e infravalorada, labores para las que se requiere maldad e hipocresía porque el hombre, le pese aún hoy a quien le pese, era un genio.
Para despejar dudas, si es que surgen, dejaré aquí unos pasajes del libro escogidos casi al azar, y si algunos ya no son prácticos hoy en día, no dejan ser bastante buenos:

Si algún descubrimiento ha sido funesto en primer lugar para España, en segundo para Europa y en tercero para América, ha sido el de Colón.

El árabe dio una gran civilización, desgraciadamente con alma teocratita.

El indio es de todos los que quieran dominarlo.

El indio sólo tiene una gran fiesta: el velorio.

El anglosajón discute sin cólera, y su serenidad basada en la convicción de justicia de que cada cual es libre de pensar como le parezca, fortalece su criterio y acredita sus decisiones.
Un latino pregona hasta con música y veladas literarias que la libertad de pensamiento es sagrada; pero desde el momento en que siente que alguien hace uso de esa libertad en contra de sus opiniones, se irrita, insulta o desprecia, huye o pega, y acaba por enfermarse a fuerza de odio contra el disidente.

Las naciones conquistadoras acaban siempre por sufrir más humillaciones que las que causan.

Todos estos pasajes los he tomado de las primeras cincuenta páginas, pero hay muchos más igual de interesantes, porque el libro está lleno de golpes de verdad, Bulnes mostró una cultura sobresaliente y sus teorías, aunque insultantes y despiadadas, son ante todo muy ciertas.
El libro, haciéndole honor a su titulo, ofrece infinidad de razones por las cuales el latinoamericano padecía, en 1899, un atraso desolador, producto de sus errores, de su fanatismo, de su amor por la incultura y de su religiosidad ciega y sumisa.
Algunos conceptos que maneja Bulnes, es cierto, son anacrónicos en nuestros tiempos, pero en el fondo y formas, las razones que exhibe en este genial libro de la miseria de Latinoamérica, hoy, 113 años después, siguen vigentes, y no sólo no hemos hecho nada para erradicarlas, sino que las damos por buenas, por positivas y hasta por símbolos de patriotismo.
Éste es el libro menos conocido de Bulnes. En la actualidad no se edita, y eso es una verdadera pena, porque es un libro que merece ser leído hoy en día, para enterarnos los latinoamericanos de que las causas por las cuales nuestros países sencillamente no se desarrollan, ya nos las había explicado un genio hace más de un siglo.

jueves, 11 de octubre de 2012

El príncipe de la soledad – Adam J. Oderoll


Pocos placeres de la vida se pueden contar sin ruborizarse. Tomar un buen café es uno de ellos, pasar una tarde de verano contemplando el atardecer sin miedo a que el teléfono suene es otro, y leer una excelente novela probablemente sea el mejor de todos. Ese viejo placer me lo ha dado esta semana El príncipe de la soledad. Al leer el último párrafo aún no podía creer que fuera tan buena, de esas novelas a las que no les falta ni les sobra nada. Aunque… en realidad sí le falta algo: una segunda parte.
Pero ¿qué tiene El príncipe de la soledad que es una novela tan, tan buena? Creo que lo principal es que se trata de una historia que engancha, que no invita sino obliga a seguir leyendo. Hace incluso que por la mañana, antes de ir al trabajo, den ganas de leer un poco, aunque sea sólo un poco, para saber cómo termina ese capitulo tan brillantemente lleno de misterios.
Porque es precisamente con misterios -que el autor es un experto en crear- con lo que la novela obliga a uno a no quitarle los ojos de encima. Pero también encontramos a personajes enormemente interesantes -gracias a sus misterios, cierto- que tienen detrás de sí, y delante, historias muy bien logradas, aparte de sus carácteres, nada típicos en las novelas de hoy.
De todos los personajes, el que más me cautivó, y por lo que he leído también a otros lectores, es Albram Dorogant, uno de los seis jueces del Círculo. ¿Y qué es el Círculo, para empezar? En el centro de una milenaria ciudad hay un enorme bosque en el que curiosamente a nadie le pasa nada aun cuando no hay nadie que lo vigile. Los habitantes de Berglora, la ciudad, poca o ninguna importancia le dan al hecho, pero hay un joven, Baon, muy serio y diferente a todos, que tiene casi la seguridad de que en el bosque habitan seres que se encargan de que no pase nada.
Para fortuna de nosotros los lectores, Baon tiene razón. En el bosque está la entrada al Círculo, pero nadie puede entrar allí, a menos que quienes allí viven lo lleven. Los gobernantes del Círculo, los aristócratas,  nunca han necesitado nada de los que viven afuera, pero las cosas para ellos han cambiado, y repentinamente se dan cuenta de que sí necesitan algo de los inferiores: su sangre.
Baon es el primero en darse cuenta de que personajes muy peligrosos andan merodeando por el bosque, y a la vez de que allí habitan unos fieros lobos que los inferiores no pueden ver, excepto él, que extrañamente atacan sin ninguna piedad a todo aquel que se atreve a salir del Círculo.
Cuando los aristócratas envían a sus siervos al bosque a llevarles víctimas, Baon, su mejor amigo, Gaen, y la chica de sus sueños, Lile -hermana de Gaen-, terminan dentro del Círculo, enfrentados por azares del destino al joven y temperamental juez Albram Dorogant, un hombre muy misterioso, que poco tiene que ver con los aristócratas y que no es lo que aparenta al principio, ni después.
Pero también hay una guerra, con espadas, que exige honor, en la que Albram participa con su ejército, riéndose de todos y sin aclarar nunca, a pesar de ser uno de los seis jueces, de qué lado está ni qué busca. De hecho mucho de lo interesante de la novela se desprende del doble juego que se traen varios personajes. Albram no es el único que se la pasa envuelto en sus misterios, pero quizás los suyos son los que guardan las mejores sorpresas.
Pues éste es El príncipe de la soledad, una novela fascinantemente bien trazada, bien estructura, con tantos misterios como la más brillante de las novelas policíacas, pero también llena de originalidad. Y algo tal vez aún mejor es que quien lo desee puede empezar a leerla ya sin pagar por ello, bajándola GRATIS del blog del autor. Yo la recomiendo ampliamente, muchos se sorprenderán de lo buena que es. 

jueves, 4 de octubre de 2012

Memorias – princesa Inés de Salm-Salm


La autora

Algunas veces, siendo adolescente, al leer libros de historia de México me causaban mucha curiosidad unos párrafos donde se hablaba de una princesa norteamericana que se había hincado ante Juárez para convencerlo de que perdonara a Maximiliano. Y es que asociar un titulo íntegramente monárquico como el de princesa a la república por antonomasia, como son los Estados Unidos, no deja de ser curioso.
Después encontré  la explicación a todo aquello. La princesa nació con el nombre de Agnes Leclerc Joy, en 1844, como ciudadana norteamericana y sin tener nada de sangre noble en sus venas. El titulo de princesa le vino muchos años después por su matrimonio. Durante la guerra civil en los Estados Unidos, emigró a ese país un príncipe alemán sin fortuna y con deudas llamado Felix zu Salm-Salm. Se enamoró de Agnes y se casaron en agosto de 1862. Al terminar la guerra civil Felix ya había alcanzado el rango de general de brigada sirviendo en el ejército del Norte. Pero sin actividad en los campos de batalla sabía que su carrera allí se estancaría y era un hombre muy ambicioso, siempre en busca de aventuras.
Felix emigró a México y ofreció sus servicios a Maximiliano, quizás pensando que entre alemanes habría buen entendimiento. El emperador lo ignoró por algún tiempo, le resultaba antipático, pero cuando se vio en la necesidad de atrincherarse en Querétaro para salvar ya no su imperio sino la vida, Salm-Salm se convirtió en uno de sus hombres de confianza, debido, no en menor parte, a su gran valor, del que a nadie le quedó duda.
Cuando la ciudad cayó en manos del general Mariano Escobedo, Salm-Salm fue hecho prisionero junto con Maximiliano, entonces su mujer, Agnes, conocida en México por su nombre traducido al español, Inés, cobró gran relevancia por su lucha desesperada para salvar al emperador y a su esposo. Inés anduvo de un lado a otro entrevistándose con personajes importantes de la época, militares y políticos;  fue recibida varias veces en San Luis Potosí por el presidente Juárez y también ideó un plan de fuga para favorecer a Maximiliano que no pudo llevarse a cabo. Todas estas acciones le acarrearon gran fama en México, buena y mala. La buena se debió a sus esfuerzos por salvar la vida de Maximiliano y la mala a que sus acciones pusieron incluso en duda su fidelidad a su esposo, ya que al parecer se desnudó frente a un coronel republicano para que la apoyara en sus planes.
Gracias a que Felix había sido general de brigada en el ejército del Norte, y a que Juárez les debía más de un favor a los yanquis, no lo fusiló y a los pocos meses de la muerte del emperador lo dejó en libertad. El matrimonio finalmente no sacó ninguna ventaja económica de su estancia en México, la misma que debido a su precariedad les interesaba mucho. Ya en Europa pensaron detenidamente sobre cuál sería la mejor manera de lucrar con aquella aventura. No había de otra más que escribir sus memorias. Un libro escrito por alguien que había estado junto al emperador en sus últimos días era para los ociosos cortesanos europeos una lectura imprescindible. Las memorias de Felix y Agnes venían a ser algo similar a una continuación de Harry Potter en estos tiempos, guardando las distancias, claro.
Para multiplicar las regalías, cada uno escribió sus memorias, y, como habían pensado, los libros fueron bien recibidos y se vendieron mejor que el pan caliente. Pero no pudieron disfrutar mucho de esos beneficios, porque Felix, militar y alemán antes que todo, se enroló en el ejército prusiano que combatiría contra Francia y en una batalla perdió la vida, dejando a su joven y hermosa esposa completamente sola. Ella moriría muchos años después, en 1912, cuando México, el país donde había pasado su gran aventura, estaba sumergido en una nueva y más sangrienta guerra civil.

El libro

Apenas dos años después del fusilamiento de Maximiliano, las memorias de Agnes fueron traducidas del alemán al español y publicadas en México con el titulo de Apuntes del diario de la princesa Inés de Salm-Salm. El libro en realidad no es un diario, son sus memorias desde que empezó su aventura en tierras mexicanas hasta que se marchó rumbo a Europa.
Agnes habla de sí misma con una amanzana indomable, inmune al sueño y al cansancio. Sin que nadie se lo pidiera, su primera aventura fue tratar de lograr un acuerdo entre los austriacos que defendían la ciudad de México a las órdenes de Leonardo Márquez y el general sitiador Porfirio Díaz. Después sus aventuras se trasladaron a Querétaro y a San Luis Potosí, viajando de una ciudad a otra varias veces para poder salvar la vida de Maximiliano y de su esposo.
Detalla su plan para la huida de Maximiliano y asegura que se habría realizado de manera exitosa si los representantes extranjeros hubieran puesto a su disposición dinero líquido para sobornar a los desconfiados oficiales juaristas. Sobre los representantes de Bélgica y Austria dejó caer graves acusaciones que arruinaron para siempre la carrera diplomática del austriaco, el barón Lago. Sólo un ministro recibió sus elogios, el representante de Prusia, Anton von Magnus, pero Agnes siempre se cuidó de colocar sus esfuerzos por encima de todos los demás interesados en salvar a Maximiliano, con la esperanza de ser bien vista por el emperador de Austria, Francisco José I.
Sin embargo, las memorias de Agnes se contradicen con las de otros personajes de la época y algunos historiadores cuestionan sus buenas intenciones. Si bien es cierto que se arriesgó mucho para salvar al emperador, sabía claramente que por ser mujer Juárez no se iba a atrever a fusilarla y quizás ni a encerrarla ya que era norteamericana y él debía al vecino país del norte no pocos favores.
Aunque en 1869, cuando se publicó en español el libro de Agnes, los editores en el prologo aseguraron que era un documento imparcial y que merecía credibilidad, con el tiempo se ha descubierto que la advenediza princesa mintió todo lo que pudo para poder entrar como una heroína en las cortes europeas. Aun así nada le quita que era una mujer con carácter y muy decidida, que no titubeaba al momento de tomar una resolución y que hizo cosas que evidentemente pocas se hubieran atrevido a hacer.
El libro de Agnes, aun si no merece toda la credibilidad que ella hubiera querido, tiene pasajes muy interesantes sobre lo que ocurría aquellos días en México, previos al fusilamiento de Maximiliano; la princesa detalla muy bien el comportamiento de los militares, de los de menor rango y de los dos más encumbrados generales juaristas, Porfirio Díaz y Mariano Escobedo. También detalla la forma de actuar de los políticos, de los representantes de las potencias europeas ante el extinto Imperio, de los ministro republicanos y del propio Juárez. La princesa escribió que cuando se echó a los pies presidenciales para implorar clemencia para el emperador, Juárez tenía los ojos mojados. Es difícil imaginar así a un hombre que parecía, por dentro y por fuera, de piedra. Quizás Agnes mintió para probar que un poco logró conmover al presidente, pero, en resumen, su libro vale la pena y es muy recomendable para todos los que se interesen en el Segundo Imperio y sobre todo en los últimos días de vida de Maximiliano. 

Lee otra reseña: El príncipe de la soledad

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El Cerro de las Campanas: memorias de un guerrillero – Juan Antonio Mateos


Cualquiera que lea el titulo y el subtitulo de esta novela pensaría que se trata, sí, de las memorias de un guerrillero que participó de principio a fin en la guerra que causó la segunda intervención de Francia en México y que también estuvo presente, quizás hasta como miembro de un pelotón, la mañana del 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas.
Pero no es así. La novela fue publicada en 1868 y como puede verse ya entonces se aplicaban los conocimientos de marketing al titulo de los libros. Muy seguramente el escritor Juan Antonio Mateos pensó que poniéndole como titulo a su novela el nombre del lugar donde habían sido fusilados Maximiliano y sus dos generales más bravos los lectores acudirían a comprarla apresuradamente. También se aprecia que en el subtitulo mintió un poco. Él en hechos de armas participó tanto como cualquier mexicano pacífico de la época. Su experiencia como guerrillero era, por tanto, inexistente.
Fue en realidad escritor y político. Llegó incluso a ser funcionario público durante y para el gobierno de Maximiliano. Aunque después por criticarlo fue enviado a prisión. Publicó esta novela al año del desplome del Imperio, por lo que es de suponerse que se puso a escribir a marchas forzadas para capitalizar los acontecimientos recientes de la mejor manera.
Sobre la novela se pueden decir cosas buenas y malas. Quizás una de las buenas es que es demasiado extensa, cuando los superventas de la época solían ser novelas cortas como Clemencia, La Navidad en las montañas o Martín Garatuza. Mateos emprendió una empresa muy colosal en comparación con otros escritores mexicanos, al estilo ruso. Y en una novela larga existen más posibilidades de cometer errores, que los hay en ésta.
La historia está situada dentro del Imperio. Inicia cuando los mexicanos esperan la llegada de los franceses a la capital. Hay tres historias de amor sobre las que gira el argumento a lo largo de la novela. La principal la integran una joven  de clase alta que pertenece a una cómica familia y un militar republicano que se ve en la necesidad de abandonar a su amada para ir a luchas contra los franceses. La segunda está formada por una hermosa mexicana de carácter muy atractivo y un soldado francés que no tiene las mejores intenciones. Y el protagonista de la última es el propio Maximiliano, quien disfrazado de simple soldado austriaco seduce a una joven de condición humilde, hermana de un guerrillero juarista que no perdona una ofensa.
Lo mejor de la novela sin duda es la comicidad verdaderamente amena, aun para estos tiempos, que nos ofrece de principio a fin. Mateos nos regala un extraordinario testimonio del carácter del mexicano de la época, desde los afrancesados hasta los más humildes guerrilleros. Algunas partes de la obra son extraordinarias, donde el autor logró brillar con plenitud. Pero también cometió grandes errores, recurrió a ingenuidades difíciles de creer, además de otros fallos casi inaceptables, siendo él un cronista de época, como ignorar el nombre del hermano mayor de Maximiliano, a quien llama José II, o poner a la princesa Inés de Salm-Salm hablando español fluidamente, cuando en realidad ella apenas y conocía unas palabras.
Pero dejando a un lado los errores, creo que de las novelas mexicanas del siglo XIX, ésta es la que nos ofrece un mejor retrato del mexicano de esos tiempos, en todas sus facetas, por eso y por su extraordinaria comicidad vale la pena leerla.

Lee otra reseña: Con Maximiliano en México

viernes, 7 de septiembre de 2012

Tras las huellas de un desconocido. Nuevos datos y aspectos de Maximiliano de Habsburgo – Konrad Ratz


De los libros sobre el emperador Maximiliano que se han publicado en los últimos años, quizás el más valioso sea éste, obra del austriaco Konrad Ratz, un verdadero experto en la figura del infortunado monarca. No quiero decir que es un libro impecable ni bellamente escrito, creo que los editores pudieron hacer más por la presentación, porque se ve que la parte que a Ratz le correspondía la hizo muy bien.
No es una biografía, pero sí un ensayo que revela detalles, como el titulo lo indica, desconocidos de Maximiliano. También aclara algunas hipótesis infundadas y sin ningún sustento histórico que otros historiadores mal informados daban por ciertas. Al revisar la bibliografía y analizar detenidamente el texto no puedo menos que darle gran credibilidad a este historiador que lleva tres décadas metido en el tema.
Algunos de los mitos que se caen gracias a la muy profesional investigación de Ratz son la supuesta y falsa teoría de que Maximiliano pagó su castillo de Miramar con la dote de Carlota, a la que en realidad nunca pudo echarle una mano encima. También con gran facilidad Ratz derriba el mito muy arraigado y que muchos creían incuestionable que decía que Maximiliano era masón.
La supuesta teoría jamás probada y sin el menor sustento bibliográfico del salvadoreño Rolando Deneke, que dice que Juárez perdonó a Maximiliano, también, de manera sencilla y sin requerir de muchas páginas, Ratz la derriba con verdaderas pruebas históricas, que seguramente su trabajo le ha costado obtener.
Ratz introduce monografías de algunos de los personajes que tuvieron un papel importante en el Imperio y que no habían sido analizados detenidamente antes. Entre los estudiados por el historiador destacan el padre Fischer, un hombre polémico que llegó a tener una enorme influencia sobre el Emperador. También gracias a Ratz conocemos detalles biográficos del médico Samuel Basch, quien pasó junto a Maximiliano sus últimos días,  Miguel López, el coronel mexicano que entregó a su señor, entre otros tantos personajes que en algo influyeron sobre el carácter y la suerte de Maximiliano y que habían sido ignorados por otros historiadores.
Al final Ratz le agrega todavía más valor a su libro ofreciéndonos una muy bien detallada monografía del historiador austriaco Egon Caesar Conte Corti, autor del libro Maximilianoy Carlota, del que ya hablé aquí en otra entrada.
Indudablemente éste es un gran libro, con un enorme soporte bibliográfico para despejar dudas, e imprescindible para cualquier estudioso de Maximiliano y el Segundo Imperio. 

jueves, 23 de agosto de 2012

Santa Anna: el dictador resplandeciente – Rafael F. Muñoz


Ésta es la mejor biografía que existe de Santa Anna. No es la más completa, debo decirlo, pero es, y con mucho, la mejor escrita. Se la debemos al escritor chihuahuense Rafael F. Muñoz, quien la publicó en 1938. Desde entonces, como uno de esos libros clásicos de la historiad de México, ha estado presente creo de manera regular en las librerías y aparece comúnmente en la bibliografía de los más recientes biógrafos de Santa Anna.
Aunque nos legó esta gran biografía, Muñoz no demostró en su obra ser un experto en la historia de México del siglo XIX. Tal vez lo sedujeron más la revolución y Villa, porque ahí, en ese período y en ese hombre, centró la gran mayoría de su producción literaria. Santa Anna: el dictador resplandeciente es un paréntesis dentro de su obra, pero no por eso deja de ser el mejor libro que existe para acercarse a aquel hombre que amó mucho a su país, pero que lo destrozó porque se amó más a sí mismo, como casi cualquier hombre. 
¿Alguna vez alguien se imaginó una biografía de Santa Anna, del protagonista de las más grandes desgracias de México en sus primeros cuarenta años como país independiente, que fuera divertida? Pues ésta lo es. El estilo totalmente desenfadado de Muñoz, en una época temprana, cuando los escritores mexicanos aún no se desprendían del todo del formalismo literario que venían arrastrando, nos lleva a adentrarnos en la biografía del César mexicano sin rencores, fuera del papel de jueces omnipotentes, a pesar de que en la niñez en la escuela nos enseñaron a odiarlo, método éste que busca cargar sobre un solo hombre los fracasos de todo un país.
Muñoz biografió a Santa Anna tratándolo como a un simple personaje histórico, como si hubiera biografiado a Marco Antonio o a Aníbal, quitándose de encima esa herida que no sana nunca, que el sistema educativo mexicano transmite a cada niño como si fuera un estigma hereditario, pretendiendo que la lleve por toda la vida.
En esa época, cuando tenía pocos años de terminada la revolución y la omnipotencia del Estado pesada en todo lo escrito, era común que sobre unos pocos personajes recayera el peso de los fracasos del país. Santa Anna, Miramón, Porfirio Díaz y otros eran los chivos expiatorios a los cuales se podía culpar de los defectos de una cultura que se ha negado a cambiar porque sencillamente así son las culturas, inmutables aunque pasen siglos. Pero todos esos prejuicios y odios algunas veces legalizados, no influyeron sobre Muñoz a la hora de escribir este excelente ensayo.
En Santa Anna: el dictador resplandeciente conocemos de manera parcial no a un monstruo lleno de maldad que se empeñaba en aplastar a sus compatriotas, sino a un mexicano como hay tantos, sobre el que otros depositaron grandes responsabilidades porque tenían miedo de hacerse cargo ellos.
A pesar de que era un mal militar, de que tenía el egoísmo y el rencor como sus vicios menores, y de que probablemente -detalles nunca aclarados- fue un traidor, Santa Anna estuvo, mientras pudo, en las batallas más difíciles que enfrentó México en aquellos tiempos. Cuando ya no tenía fuerzas ni buena vista todavía quería ir a los campos de batalla. Eso no lo hace un cobarde. Santa Anna era más valiente que muchos de sus contemporáneos y muchos de sus sucesores. ¿Dónde estaba el gran Villa, por ejemplo, cuando fue invadido el puerto de Veracruz? Si algo sabemos de Santa Anna es que habría ido incluso solo y arrastrando su pata de palo.
Hacen falta buenos libros para conocer al verdadero Santa Anna, y éste es uno de ellos, bien escrito, imparcial y también muy divertido. Lo recomiendo ampliamente.

martes, 21 de agosto de 2012

Siglo de caudillos – Enrique Krauze


A millones de mexicanos, desde hace cercas de un año, el titulo de este libro les dice algo. Sí, es el mismo que quiso nombrar Peña Nieto y del que nunca se acordó. Le escribió, en eso sí acertó Peña, Enrique Krauze, uno de los mejores escritores mexicanos de la actualidad, no sólo por el buen dominio de la historia de México que tiene, sino por su elegante y bien cuidada prosa, además de que escribe de historia sin que su ideología -que como todo hombre debe de tener una- le dicte párrafos y le haga correcciones, o, peor aún, lo obligue a mentir. Se dice fácil, pero muchos historiadores viven atados a su ideología y mienten tanto como quieren para no traicionarla.
En fin, pasando a Siglo de caudillos, por principio de cuentas, debo de decir que es un gran libro. Todo un logro intelectual de Krauze y no actual, en realidad lo publicó en la década de los 90s. ¿De qué trata el libro? Krauze recurre a monografías de aquéllos que fueron dueños de México en el siglo XIX. Su muy cuidada prosa y su criterio amplio repasan uno por uno -más que sus aspectos biográficos sus motivos ideológicos- a personajes como Hidalgo, Morelos, Santa Anna, Mora, Almán, sin dejar a un lado al propio Juárez.
Y así, siguiendo los pasos de sus hombres, o de sus caudillos, Krauze nos ofrece una excelente biografía del México del siglo XIX, de ese México que se consumió solo, que destruyó lo que tenía bien hecho e hizo cosas de la peor manera, de un país que partía con el pasado pretendiendo reconstruirse sin tener las herramientas que necesitaba para hacerlo.
Me gusta mucho la obra de Krauze porque, como recomendó alguna vez el gran maestro Octavio Paz, no nos lleva a odiar a esos caudillos que tanto se esmeraron en destruir su propio país, trata, por el contrario, de encaminarnos a entenderlos y aceptarlos tal como fueron -cosa que casi nadie quiere hacer a pesar de que nunca cambiarán-.
La tarea desde luego no es sencilla, pero le hace falta a la historia de México, y todavía más al México de hoy, que por no aceptarse y no buscar corregir sus errores se está cayendo a pedazos. No todo está en la historia, pero aceptar que las primeras piedras de México las pusieron caudillos llenos de defectos nos ayudará mucho.

sábado, 18 de agosto de 2012

Por Querétaro hacia la eternidad, el general Miguel Miramón en el Segundo Imperio – Carlos González Montesinos



La ventaja que tiene un escritor cuando edita su libro sin el amparo de una editorial es que puede hacerlo como guste. Nadie le dirá que lo haga más grande o más chico, que quite o ponga cosas, que modifique capítulos, los implemente o los suprima. El resultado sin la colaboración de expertos puede ser muy malo, pero también se dan casos en que es muy bueno. Todo está en el empeño y dedicación, y también en el talento, del escritor.
El preámbulo anterior viene al caso por el libro Por Querétaro hacia la eternidad, el general Miguel Miramón en el Segundo Imperio, del autor Carlos González Montesinos. Se trata un libro autoeditado que me ha parecido una rareza por la manera en que está escrito, con una completa mezcla de métodos, saltos en el tiempo y demás cosas que lo hacen único, sin que eso signifique que se sea  una lectura recomendable o imprescindible. Pero vamos por partes.
El libro es una extraña biografía del general Miguel Miramón, aquel brillante estratega conservador que cobró gran fama en el período de la Reforma y que se unió a Maximiliano porque no tenía más opciones, muriendo junto con él en el Cerro de las Campanas. No empieza en su infancia, sino cuando Miramón ya era un respetado general, némesis de Juárez y sus improvisados generales. Pero el autor tampoco profundiza mucho en este período. Salta en el tiempo, de la Reforma al Imperio y viceversa, con una extraña mezcla de sucesos que aun así se pueden entender bien.
Se trata de un libro amplio, con un formato poco común, escrito de manera algo rara, aunque también anacrónica, y con una pizca de originalidad. Tiene algunos períodos muy bien detallados, como el sitio de Querétaro y la prisión y muerte del Maximiliano y sus dos generales. La bibliografía es muy abundante, y no está citada de la forma común, pero algunas fuentes sobran y parecen evidentemente fuera de lugar.
Lo peor del libro son sin duda la enorme cantidad de errores que tiene. Las erratas se hallan por todas partes y las hay de todo tipo. Desde el principio, no del ensayo, sino del libro en general. Por poner un ejemplo, el titulo en la tapa es uno, pero en el lomo es otro. En suma, le faltó al libro una exhaustiva revisión que habría hecho mucho por su presentación.
Aun con todo lo anterior me gustó. No abundan las biografías del general Miguel Miramón y ésta merece la pena tenerla. Ofrece información muy interesante y bien analizada por el autor con total imparcialidad. Porque si algo puede verse con claridad es que González Montesinos al escribir el libro no estaba a favor de ninguno de los personajes que participaron en ese período tan cruel de la historia de México, como fue el de la Reforma-Imperio. Los trata a todos por igual. Si bien es cierto que muestra una enorme admiración por Miramón, su obra está lejos de ser una hagiográfica. Es objetivo, tanto como puede, con Miramón, con Maximiliano y hasta con Juárez, y eso, la objetividad, es fundamental para concederle credibilidad a un historiador.

viernes, 10 de agosto de 2012

Maximiliano íntimo. El emperador Maximiliano y su corte. Memorias de un secretario particular – José Luis Blasio

Cuando se publicó en 1905 Maximiliano íntimo, era el libro más esperado en México. Los lectores no ansiaban la brillante prosa de Blasio, que no conocían por no existir, a pesar de que él era un hombre ya maduro y en cierto modo cultivado, pero sí ansiaban, y con desesperación, las memorias de un personaje que había estado junto al emperador Maximiliano tarde, noche y día durante buena parte del tiempo que duró el efímero Imperio.
Cuando el Emperador llegó a México, Blasio era aún un joven recién entrado en los veinte. Al ser de clase más media que alta, pero al fin de una posición más o menos envidiable, era un joven culto. Hablaba, como casi todo mexicano cultivado de entonces, bien el francés y eso fue lo que lo acercó hasta Maximiliano.
Lo conoció poco después de su llegada, cuando fue a implorarle por la vida de un hermano suyo, prisionero de guerra por ser del bando juarista. Su hermano fue liberado gracias a Maximiliano y desde entonces Blasio le respondió con cierta lealtad. 
Pero la oportunidad del joven Blasio llegó cuando Félix Eloin, un belga que era jefe del gabinete imperial y que no hablaba español, solicitó un traductor para desempeñar su trabajo. Blasio fue recomendado y sometido a una prueba que pasó. Sin embargo, su trabajo al lado de Eloin duró poco. El emperador Maximiliano le fue tomando afecto con el correr de los días (cosa que algunos han asociado a la supuesta homosexualidad del monarca), y aun teniendo austriacos muy fieles a él y que anhelaban el puesto de secretario particular, en la primera oportunidad que hubo se lo dio a Blasio. 
Desde entonces el joven estuvo con Maximiliano casi siempre, a excepción de una temporada que pasó en Europa, cuando Carlota enloqueció. El Emperador lo hacía levantarse de madrugada para trabajar, pero era con él muy noble y lo trató siempre con demasiado afecto. 
Al desmoronarse el Imperio, Blasio partió para Europa y visitó a la familia imperial austriaca. Fue recibido por el emperador Francisco José y habló con él en francés sobre el fin que tuvo su hermano menor. Años después regresó a México, donde vivió temporadas de precariedad. 
Cuando el Porfiriato estaba en pleno apogeo, con una clase alta mexicana muy rica, Maximiliano ya no era un enemigo, había muerto hacía muchos años, era un personaje digno de ser estudiado, conocido, que a todos despertaba una enorme curiosidad. Más que su vida como político, que sí era bien conocida, interesaba su vida íntima. Por esa razón, y para hacerse de algunos fondos, Blasio decidió escribir sus memorias y titularlas, para dar gusto a los curiosos, Maximiliano íntimo.
Ya en el libro, Blasio es bastante prudente. Jamás critica a Juárez ni a los suyos, héroes intocables ya para entonces. Al que sí critica, pero con mucho afecto y evidente dolor, es a Maximiliano. Aun así reconoce que era un hombre de sentimientos enormemente nobles, cualidades imperiales que no se cansó de resaltar a lo largo del libro.
En cuanto a la vida íntima de Maximiliano, no hace muchos comentarios al respecto, para desgracia de sus lectores que tanto habían esperado el libro. Dice, porque le dijeron, un poco de la vida adulterina del monarca, en Cuernavaca y en la Ciudad de México, pero él jamás asegura haber visto nada. Ni siquiera sobre los problemas maritales de Maximiliano y Carlota insinúa haber oído o visto algo. Se limita, como todos, a preguntarse las causas del más famoso fracaso matrimonial de esa época en México.
El libro está lleno de pequeñas y grandes anécdotas que en nada podían satisfacer curiosidades. Blasio evitó hablar casi siempre de política, no era su intención, se ve, levantar pasiones y menos contra él, un antiguo imperialista que por esa razón podía ser repudiado.
De lo que sí se entera el lector por Blasio es de las costumbres y gustos de Maximiliano, de su carácter bromista, de su amor por la naturaleza y, sobre todo, de su enorme bondad. Algo que Blasio no ocultó fue el gran cariño que él y Maximiliano se tuvieron, pero en ningún párrafo se aprecia que insinúe la homosexualidad, de ambos, que algunos historiadores algo extraviados sugieren.
Respecto a la prosa de Blasio…, poco bueno puede decirse. El hombre escribía muy mal, pero no se le puede criticar, porque él no lo ignoraba y lo dejó claro. Su intención fue escribir un libro como homenaje al que tanto hizo por él, no una obra literaria de belleza única. Y precisamente así lo han entendido quienes se han propuesto difundir Maximiliano íntimo, porque ha sido traducido al inglés, desde hace muchos años, y desde hace menos al alemán. 
Hoy en día el libro se edita poco, a pesar de que en México es muy buscado. La última edición fue de la UNAM, en 1996, y actualmente está agotada. En cuanto a los libros de la primera edición de 1905, son hoy joyas de coleccionistas y se venden caros los que todavía andan por allí. No es un libro bien escrito, y tal vez tampoco imprescindible para entender la historia de México, pero en su género es único, por eso lo valoran tanto.