miércoles, 14 de febrero de 2018

La otra historia: ¿Y si Maximiliano hubiera vencido a Juárez?


Por fin, hace un par de semanas, terminé de leer la novela “Carlota y Maximiliano: la dinastía de los Habsburgo en México”, obra extraordinaria que nos ofrece una historia alternativa en la que Maximiliano logró vencer a los republicanos y formar un verdadero y poderoso imperio justo frente a los Estados Unidos.
La novela da constantes saltos en el tiempo, aunque la historia, por decirlo así, crucial, ocurre en nuestra época, con un emperador Maximiliano IV recién fallecido y su único hijo vivo, un joven romántico sin deseos gobernar, sube temeroso al trono de un imperio con niveles de corrupción mínimos, cuya frontera sur limita con Colombia, con 260 millones de habitantes, con una economía de primer mundo y un ejército capaz de hacerle sombra al de los Estados Unidos.
El advenimiento al trono del joven Fernando Carlos I de México coincide con la toma de posesión de Trump como presidente de los Estados Unidos. Las diferencias, como en la historia real, llegan desde el primer momento, pero tratándose de dos potencias, el riesgo de un conflicto serio es muy alto, ya que el joven emperador no está obligado a fingir que no escucha los insultos, como sí tuvo que hacer Peña Nieto.
Y mientras Fernando Carlos aprende a gobernar, la novela nos regresa infinidad de veces al pasado, para mostrarnos cómo fue que Maximiliano –gracias a una prematura muerte de Juárez en el 1866-, logró vencer a los republicanos, y otros aspectos por demás interesantes como el hecho de que él y Carlota lograran tener un hijo, cuando su matrimonio había sido estéril por muchos años, qué pasó con Miramón, con Tomás Mejía, con Porfirio Díaz; cuál fue el destino de hombres cruciales en la revolución como Francisco I. Madero y Pancho Villa, qué hizo México, una potencia mundial, en las guerras mundiales. Y así muchas más cosas se nos van revelando a lo largo de la novela, hasta darnos un panorama muy extenso de esa otra historia de México, para que logremos comprender por qué el emperador tiene en su gabinete a personajes que se apellidan Iturbide, Bonaparte, Miramón y un sinfín de nombres cuyos antepasados fueron cruciales en la consolidación del imperio.
Hay algunos pasajes de la novela muy ingeniosos que he visto que otros lectores ya han notado. En los 50s del siglo pasado, según se menciona, llegó de Cuba Fidel Castro con sus seguidores a entrenarse en México, tal como ocurrió en la historia real. Pero en la novela Castro ya no puede volver a Cuba, se queda en una cárcel imperial a cumplir una condena de 30 años. Poco después, al saber del destino de Castro, nos enteramos que el presidente Kennedy no fue asesinado, sino que incluso logró reelegirse. Y en nuestra época, cuando se habla de la Cuba actual, se le describe como una potencia del comercio y un ejemplo de libertades en el mundo, a cargo de un presidente democráticamente elegido, llamado Carlos Alberto Montaner.
En fin pues, una novela que merece ser leída, tan solo para imaginar a ese otro México, una potencia mundial con una arquitectura, una cultura, una economía y una paz que, lamentablemente, no tenemos porque no hemos sabido construirlas.