lunes, 27 de agosto de 2012

La Navidad en las montañas – Ignacio Manuel Altamirano


Hay obras que no necesitan tener un entramado, retorcido, doblado y desdoblado argumento, lleno de malos y no tan malos, de buenos y no tan buenos, para acaparar la atención de los lectores, para recibir buenas criticas literarias y para conseguir aún más: ser clásicos de la literatura en el país donde fueron publicadas o incluso traspasar fronteras.
Y un libro que cumple precisamente con todo lo anterior es La Navidad en las montañas, novela escrita por Ignacio Manuel Altamirano, todo un clásico de la literatura mexicana del siglo XIX que no se quedó allí, todavía su autor, fallecido en 1893, escribió un prologo en el que hablaba de una sexta edición en francés.
Parece mentira que una obra que brilla por su sencillez argumental haya alcanzado tantos logros. Es bien cierto que la fama -porque era un escritor de gran reputación- de Altamirano influyó para que tanto la crítica como los lectores situaran en un pedestal a su novela. Pero hay algo más, La Navidad en las montañas transmite cierta nostalgia por el lugar donde se desarrolla, un pueblo perdido donde hace falta bien poco para ser feliz, donde la hermandad entre los habitantes es tan sólida como una roca, donde también se disfruta de una religión católica libre de vicios, como si Roma y todo lo que significa no existiera.
El narrador de la novela es un capitán del ejército del periodo Reforma-Imperio que un 24 de diciembre cabalga con su criado buscando un pueblo donde descasar y saciar el hambre. Se encuentra con un cura español que en un principio le causa desconfianza, la misma que supera en cuanto empiezan a conversar.
El cura lleva al capital a su pueblo, a pasar allí la Noche Buena. El cansado militar se queda perplejo al contemplar aquella Navidad en las montañas. El pueblo es un lugar lleno de bondad y solidaridad, no existe allí ningún fanatismo religioso, ni santería que, con la venia del cura, sustituya disimuladamente a la religión. 
Conforme van pasando las horas, el capital, acompañado del cura, va recorriendo el pueblo y el ritual que para aquellos pobres lugareños significa el nacimiento de Jesús. El capital se conmueve y el lector también ante una Navidad en la que abundan la austeridad así como el amor y la fe.
Yo recomiendo leer este sencillo pero muy significativo libro en el mes de diciembre, porque es cuando más conmovido puede quedar uno como lector. Ya que carece de una apasionante historia, lo rescatable de la novela son las reflexiones que nos invita a hacer, las cuales, a pesar de tratarse de un libro “viejo”, para nada son anacrónicas.

2 comentarios:

  1. MUY BUENA LECTURA.
    ESTE LIBRO FUE EL PRIMER LIBRO QUE LEÍ DE ADOLESCENTE Y POR EL, LA LECTURA HA SIDO PARTE DE MI VIDA. SIN DUDA EL MEJOR ESCRITOR QUE HE LEÍDO.

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