viernes, 21 de septiembre de 2012

Las aventuras del mariscal Achille Bazaine en México


En Francia el mariscal Bazaine es considerado un traidor por haberse rendido sin pelear ante los prusianos, lo que adelantó la derrota de los galos ante el temible ejército alemán. En México esa última etapa de su vida poco importa a los historiadores, porque aquí hizo suficiente para que se tenga de él una imagen muy diferente de la que tiene sus compatriotas.
Bazaine llegó a México como subordinado del general Forey, antes de la segunda batalla de Puebla. Su primera acción importante fue vencer al general mexicano Ignacio Comonfort cuando intentaba llevar provisiones a los sitiados. Eso le sirvió para que desde Francia Napoleón III lo viera con buenos ojos.
Cuando por la larga lengua del hijo bastardo de José María Morelos, Juan Nepomuceno Almonte, y del embajador francés Saligny, el recientemente creado mariscal Forey cayó en desgracia, el emperador de Francia eligió a Bazaine para que ocupara su lugar. Fue el encargado de recibir al emperador Maximiliano y de ponerlo al tanto de la situación real del país.
Las relaciones entre Bazaine y Maximiliano casi siempre fueron malas, a pesar de que fueron compadres. Bazaine se negó rotundamente a dejar de ser el hombre más importante de México, no permitió que Maximiliano creara un ejército que podría no estar bajo su mando y eso ocasionó que el Habsburgo jamás tuviera con que defender su Imperio.
Pero más interesante que sus proezas militares, que después de Puebla se limitaron a gastar una fortuna de la época en derrotar a un reducido ejército de Porfirio Díaz en Oaxaca, fue, para los mexicanos de entonces, su enamoramiento de una jovencita que podía ser su nieta.
El mariscal no era soltero. Era viudo. Su esposa, una ex prostituta a la que había reivindicado no de la mejor manera, le puso tamaños cuernos aprovechando que estaba batiéndose como león en México. Ante la perspectiva de que Bazaine pudiera enterarse, su mujer optó por la opción del suicidio.
Bazaine entró en un terrible período de depresión. El propio Napoleón prohibió que en un principio se le avisara sobre sus cuernos. Para levantarle el ánimo, lo hizo mariscal de Francia. Al poco tiempo el ya mariscal se enamoró perdidamente de una jovencita mexicana a la que le llevaba una considerable cantidad de años. Se llamaba Josefa de la Peña y Azcárate, pero de cariño la llamaban Pepita. Aunque pertenecía a la clase alta, su familia estaba empobrecida, así que no le quedaba más opción que buscarse un marido bien situado, como por ejemplo un mariscal de Francia, sin importar ¡cuantos años tuviera éste!
No poca gracia le encontraron los mexicanos vecinos de Pepita al hecho de que Bazaine se paseaba por la calle acompañado de toda su oficialidad esperando verla asomada por la ventana. El carácter le mejoró mucho y poco faltó para que fuera a correr dando saltos por las jardines cuando le concedieron la mano de su amada.
Cuando se celebró la boda, Maximiliano, para poder ganarse por fin al mariscal, le regaló el palacio de Buenavista, deferencia que, después se vería, no sirvió de nada. Bazaine continuó con sus modos de combatir la guerrilla juarista que no daban más que escasos frutos.
Lo que sí hizo bien fue cumplir con sus deberes de esposo, aunque con su peso y su edad ya no le resultaba sencillo. Sus subordinados notaban el exceso de sueño que traía todas las mañanas y su propensión a buscar pretextos para regresarse a su casa. 
Tuvo cuatro hijos con Pepita. Dos nacieron en México y a tres les buscó excelentes padrinos. El primogénito fue ahijado nada menos que de Maximiliano y Carlota. La única hija del matrimonio se llamó Eugenia, como su madrina, la emperatriz de Francia. El último de sus hijos, el que ya no alcanzó a nacer en México, llevó el nombre de Alfonso en honor a su padrino, el rey de España Alfonso XII.
Al quedar marginada la familia en Francia por la traición de Bazaine en la guerra contra Prusia, Pepita emigró a México. Su hijo Alfonso llegó a formar parte del ejército mexicano en el Porfiriato. Pero fue dado de baja por querer defender la actuación de su padre durante el Imperio.
Pepita, vestida de heroína al sacar a su esposo como una amazona de una cárcel en Francia, volvió a su patria totalmente empobrecida, pero con la manía de querer hablar siempre en francés. Murió en la más absoluta miseria, después de haber sido en México, por un corto período de tiempo, más influyente que la mismísima emperatriz Carlota.

5 comentarios:

  1. Pero ¿esto es un reseña de un libro? o que fuente consultar sobre esta entrada, me inetresa encontrar una crónica de la boda del Mariscal y Pepita, gracias..

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    1. En el quinto volumen de "México a través de los siglos", escrito por José M. Vigil y también en la biografía de Maximiliano del conde Corti puedes encontrar información al respecto. Igualmente en el libro "Juárez y su México". En general hay muchos libros en los que te puedes documentar sobre el tema.

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    2. Puedes leer el libro "La Mariscala". Aunque es mas enfocado a ser una novela.

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  2. Yo leí "El diario de Eugenia" y ahi conocí a la mentada Pepita, ahora me interesa más leer "La Mariscala"

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    1. Léelo, a mi me pareció muy interesante.

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